top of page

Discursos polifónicos: una vuelta a la resonancia

Natalia J. Gallardo
Natalia J. Gallardo

Hay un desencantamiento del mundo en el que se pierden las resonancias de la vida; en Discursos Polifónicos hay una vuelta a la resonancia. Esta sería la tesis fundamental que sostengo en torno a la práctica escénica que realizó Natalia Jiménez Gallardo y Ernesto Rosa en el Centro Párraga el 12 de diciembre de 2025, acompañadas por Federica Fratagnoli, Irene Cantero y Eloísa Catón. Una muestra que tuvo lugar como resultado de la residencia de investigación ganadora de la convocatoria de Escuela de Espectadores.


Las resonancias son algo pasado de moda para algunas tendencias. Lo desangelado, lo inerte hecho arte, el frío de una conversación extraviada —abstracta— son elementos comunes en las artes vivas o prácticas escénicas contemporáneas. Sé que esto puede sonar extraño para alguien alejado de la investigación-creación, pero estamos en un contexto liminal entre el discurso académico y lo inasible del arte. Por ello, me voy a permitir usar algunos tecnicismos y ciertas licencias poéticas.


Desde luego, no voy a conseguir demostrar la tesis que planteo en un comentario de estas características, aunque no se trata de eso, sino de resonar con la obra. Natalia danza con una considerable maestría, no hay en ella esa carencia diletante de la que adolecen algunas creaciones posmodernas donde se ignora lo que hace. Ella resuena en el instante, en la experiencia inmersiva propuesta a partir de las entrevistas de explicitación, que delicadamente y con elegancia activa sonoramente Ernesto. Algo muy interesante ocurre después, cuando las resonancias de lo que se ha hecho, de lo que ha sucedido, quedan suspendidas, habitando el espacio. En esas resonancias se despliega el discurso polifónico, esas resonancias son polifonías que posibilitan la comunión.


Parte del desencantamiento del mundo viene de no reconocer esas resonancias, porque la polifonía se transforma en ruido o en un silencio frío, no habitado. De este modo, se puede hablar de un campo de resonancias que permite al otro hablar, cohabitar el paisaje sonoro. Así, hay algo en lo no dicho que se manifiesta de forma velada: todas podemos comprender la complicidad del momento, aunque hay algo que no logramos atrapar. En ese instante, cuando la polifonía alcanza su dimensión más elevada en armonía, se produce ese pequeño misterio que supone comulgar.


Se podría seguir con esta reflexión, resonando con la obra en este breve comentario, pero no me gustaría alargar esta cuestión hasta que la resonancia se apague. La cuestión es esta: sostener la vibración, permanecer en la incertidumbre fértil. Ahora bien, ¿seremos capaces de sostener esta intemperie sin buscar un sentido cerrado, sin intentar dar fin a la obra? La mente suele buscar completar lo vivido, sin embargo, en este caso es pertinente no marcar una linealidad, dejar el campo abierto, no cerrar con un sentido. Porque, como decía Wittgenstein: “de lo que no se puede hablar, hay que callar”…


En consecuencia, el reencantamiento del mundo pasa por este silencio habitado que permite la resonancia, y en Discursos Polifónicos se produce un retorno a ella. Dicho de un modo más poético: hay algo que canta, pero no somos nosotras —con nuestra voluntad de poder— quienes realizamos el canto; más bien, en la escucha, se nos abre aquello “en-cantado”. De alguna forma, hemos sido invitadas a esa escucha, en la que las investigadoras-creadoras nos devuelven al encantamiento del mundo.

 


 
 
 

Comentarios


Si quieres cultivar tu mirada, suscríbete. 

¡Gracias por suscribirte!

© 2025 A. S. Román

C. Madre Elísea Oliver Molina s/n
30002. Murcia. España.

 +34 968 351 410

ica-logo.jpg
images.png
bottom of page