Frágil como una bomba: los matices del gris donde existir.
- 27 mar
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En la vida de la cultura contemporánea se suele observar un marcado interés por el negro y el blanco, con algún momento de color. La obra Frágil como una bomba, de Estela Santos, explora esa fragilidad de los espacios intermedios donde aparece una tonalidad gris en la que se puede existir. Esta muestra tuvo lugar en el Centro Párraga como resultado de una residencia de investigación que se celebró el veinte de marzo en el Espacio Cero. La dimensión de esta obra es difícil de calcular, porque se nos presenta como un embrión, un trabajo en proceso. Desde esta perspectiva, vamos a explorar sus dimensiones más importantes en esta breve reseña.
Una de estas dimensiones tiene que ver con el hecho colectivo de la propuesta. En escena, el público es participante; por lo tanto, se genera una especie de ritual o acto chamánico al convocar a una celebrante que comulga y hace comulgar con una serie de acciones y reflexiones poéticas en torno a la fragilidad. En este sentido, conviene detenerse a entender que no puede haber un acto ritual sin que la comunidad conozca los códigos; sin embargo, este sería uno de los puntos fuertes de la práctica escénica, puesto que crea estos códigos con el público. Uno de los grandes problemas de la estética performativa, cuando intenta simular actos rituales ancestrales, es que los participantes no conocen o no comulgan: son meros espectadores o coparticipantes sin una implicación —sin comunidad—. El sentido comunitario de Frágil como una bomba se explora de una forma novedosa, unidos por esa fragilidad como un sentimiento de comunidad invisible, pero que nos hace comulgar ante el misterio de la vida.
Por otro lado, otra dimensión que hay que tener en cuenta tiene que ver con la conceptualización. La cuestión de la fragilidad es una de las temáticas más fuertes en el pensamiento posmoderno. Lo frágil, como señala Vattimo, es una fuente de conocimiento que nos permite regresar a lo vulnerable, a lo que es afectado. Desde esa afección —la fragilidad— la vida toma nuevos matices y permite explorar campos desconocidos. Se podría decir que la fragilidad nos lleva más allá de los sistemas totalitarios impuestos por un pensamiento fuerte. Así, la reflexión que se realiza a lo largo de la muestra, acompañada con la música electrónica y las acciones performativas, se vuelve casi como un pequeño tratado: una exploración teórica. El objetivo del estudio sería esa fragilidad que aparece en los espacios intermedios donde se da la tonalidad del gris. Esto nos lleva a una serie de preguntas: ¿sería ese gris una base para la creación sin forma ni lugar, una especie de campo de posibilidades? ¿Dónde ubicarse ante esta falta de definición del sujeto? ¿Qué diferencia habría entre una fragilidad que nos fortalece y otra que nos destruye?
Tal vez, si estos planteamientos los realizara una persona asociada a un marco de pensamiento racional en sentido analítico, le romperían sus esquemas. Pero esta sería otra de las dimensiones: un pensamiento que conlleva una inteligencia sentiente (Zubiri). El hecho de que utilice elementos sensoriales en sus propuestas de acción implica una manera de pensar que contempla el cuerpo. El pensar sintiendo muestra un marco nuevo que abre la fragilidad: una epistemología distinta que nos lleva a reflexionar de otra manera. Esta manera de reflexionar sintiendo la fragilidad, en un acto comunitario con una estética rave, nos abre nuevas puertas al conocimiento. Quizás no seamos conscientes ahora, pero se nos abre una forma de existir: un sujeto sintiente de su fragilidad que mira hacia sí mismo.
La combinación de estas tres dimensiones —una ritualidad participativa, una base conceptual y una mirada sintiente— sería la base de una propuesta que abre la puerta a una tonalidad intermedia donde aparecen nuevas formas de existir. Todo esto puede sonar grandilocuente, pero intuyo que es lo más alejado de lo que pretende Estela: como los genios o los santos —la buena gente—, se preocupa de que llegue a las personas sin el aparataje teórico. No es cuestión de deslumbrar, sino de alumbrar un camino entre los matices del gris, en ese espacio intermedio entre el blanco y el negro, la luz y la oscuridad. Seguramente todos tenemos esa intuición cuando cerramos los ojos, cuando se alumbra nuestra frágil interioridad.
A. S. Román



Román, muchísimas gracias por este texto. Me encanta que a través de la práctica lleguen todas estas referencias y reflexiones. Sin duda los ejes de la investigación son "una ritualidad participativa, una base conceptual y una mirada sintiente", y es precioso poder leerlo con palabras de otra persona que se parecen tanto en esencia a las mías. Gracias por la oportunidad y por el espacio de reflexión colectiva que proponéis desde la Escuela de espectadores.